Mensaje por JJWinchester » 23 Nov 2019 17:31
La gracia de estas cosas es buscar los casos extremos o al menos dudosos. En los demás, todo encaja y no ha lugar a la polémica...
Bueno, yo creo que en este caso no me apresuraría tanto en quitarle la razón al tribunal. En primer lugar, las circunstancias: no es un asalto callejero, en un portal o un ascensor: parece que ambos habían consumido en compañía alcohol y otras drogas, y la situación se desmadró. En la noticia leo "manoseo" que evidentemente fue a más: hasta que punto fue intento de violación, pues habría que haber estado allí para verlo. No se puede atender de igual manera el testimonio de alguien que va bebido y drogado, que el de una persona en un estado normal.
Bien, aceptemos que, dentro de la percepción que le daban sus facultades disminuidas, la mujer está convencida de que trataron de violarla. Recurrir a un cuchillo frente a un hombre que suponemos más fuerte (ojo, suponemos, de nuevo nos faltan datos) parece proporcional, de acuerdo. Pero asestarle ocho puñaladas en zonas vitales, igual ya no tanto. ¿Podemos pensar que el agresor no cesó en su empeño después de la segunda o tercera puñalada grave? ¿No trató quizá la mujer de quitarle la vida, de hacérselo pagar? Todo esto es lo que habrá valorado el tribunal, con mucho más conocimiento de la causa que nosotros.
Creo que hay casos más claros que éste donde debía haberse aplicado la eximente, aquí no lo tengo nada claro. Quizá el tribunal ha hecho lo correcto.
La gracia de estas cosas es buscar los casos extremos o al menos dudosos. En los demás, todo encaja y no ha lugar a la polémica...
Bueno, yo creo que en este caso no me apresuraría tanto en quitarle la razón al tribunal. En primer lugar, las circunstancias: no es un asalto callejero, en un portal o un ascensor: parece que ambos habían consumido en compañía alcohol y otras drogas, y la situación se desmadró. En la noticia leo "manoseo" que evidentemente fue a más: hasta que punto fue intento de violación, pues habría que haber estado allí para verlo. No se puede atender de igual manera el testimonio de alguien que va bebido y drogado, que el de una persona en un estado normal.
Bien, aceptemos que, dentro de la percepción que le daban sus facultades disminuidas, la mujer está convencida de que trataron de violarla. Recurrir a un cuchillo frente a un hombre que suponemos más fuerte (ojo, suponemos, de nuevo nos faltan datos) parece proporcional, de acuerdo. Pero asestarle ocho puñaladas en zonas vitales, igual ya no tanto. ¿Podemos pensar que el agresor no cesó en su empeño después de la segunda o tercera puñalada grave? ¿No trató quizá la mujer de quitarle la vida, de hacérselo pagar? Todo esto es lo que habrá valorado el tribunal, con mucho más conocimiento de la causa que nosotros.
Creo que hay casos más claros que éste donde debía haberse aplicado la eximente, aquí no lo tengo nada claro. Quizá el tribunal ha hecho lo correcto.