Mensaje por lincis » 18 Jun 2016 12:09
Con cosas como estás entiende uno porqué pudieron nacer en España Salvador Dalí,Luis Buñuel, Carlos Saura, Joan Miró, Pepín Bello, Emilio Prados, José Moreno Vila, Maruja Mallo, Gregorio Prieto, Benjamín Palencia, etc, etc
Pero el impulso psíquico surrealista, ya ha trascendido del mundo del arte a la vida cotidiana, de forma intensa e imparable, siendo parte integrante de la real irrealidad cotidiana.
Sobre todo, gracias a que inefables instituciones autonómicas, basadas en quiméricos conceptos nacionalistas, logran con gran maestría que, de lo imaginario, lo absurdo e irracional de la psique que les anima, puedan trascender al mundo real, mostrándose con rotunda autoridad sobre la vida, la materia y los ciudadanos.
Todo ello, además, sostenido por la Hacienda Pública y el propio Estado. Tal es de magnífica la proyección surrealista que, hasta principios constitucionales, como el de la igualdad, quedan diluidos en un monumental crisol capaz de amalgamar en la escoria los más altos principios, de forma que son totalmente imposibles de apreciar.
Por supuesto, tampoco podemos olvidar la ingente obra de otros organismo del Estado Español como, por ejemplo, ICAE.
Con cosas como estás entiende uno porqué pudieron nacer en España Salvador Dalí,Luis Buñuel, Carlos Saura, Joan Miró, Pepín Bello, Emilio Prados, José Moreno Vila, Maruja Mallo, Gregorio Prieto, Benjamín Palencia, etc, etc
Pero el impulso psíquico surrealista, ya ha trascendido del mundo del arte a la vida cotidiana, de forma intensa e imparable, siendo parte integrante de la real irrealidad cotidiana.
Sobre todo, gracias a que inefables instituciones autonómicas, basadas en quiméricos conceptos nacionalistas, logran con gran maestría que, de lo imaginario, lo absurdo e irracional de la psique que les anima, puedan trascender al mundo real, mostrándose con rotunda autoridad sobre la vida, la materia y los ciudadanos.
Todo ello, además, sostenido por la Hacienda Pública y el propio Estado. Tal es de magnífica la proyección surrealista que, hasta principios constitucionales, como el de la igualdad, quedan diluidos en un monumental crisol capaz de amalgamar en la escoria los más altos principios, de forma que son totalmente imposibles de apreciar.
Por supuesto, tampoco podemos olvidar la ingente obra de otros organismo del Estado Español como, por ejemplo, ICAE.