Mensaje por Tomate » 19 Sep 2008 01:22
Les dejo dos fragmentos de algo que escribí para el centenario de mi club, la parte que falta tiene algunos nombres própios y el relato se especifica a personas del club para Uds desconocidas, por eso lo corté.
Los tiradores debíamos relatar nuestros inicios y dar un mensaje a los socios que no participaban de las competencias, espero que les guste:
Desde muy pequeño me destaqué en lo que fuera puntería y precisión, en los juegos de pelota y en las "armas" infantiles, me fabricaba todo tipo de arcos, flechas, boleadoras, mis días pasaban entre los partiditos de futbol en el potrero y la fabricación de armamento casero.
A mis jóvenes doce años, mi padre Pablo, cansado de tantos vidrios, portones, perros, gatos y algún que otro malandrín cascoteado por mi temible y efectiva honda (como la de David), decidió cambiármela por otra cosa:
- ¿Qué querés?
- ¡Un rifle de aire comprimido!. Exclamé, y él aceptó.
Pero las condiciones fueron muy duras. No debía volver a fabricar ni usar honda alguna y quedaba terminantemente prohibido disparar con el rifle contra los vidrios de aquel vecino que no nos devolvía la pelota, o al perro de doña Anita que nos "garroneaba" a diario por pisar su jardín, y nada de tirarle a las "patas" al Pipi, jefe de la barrita contraria con el que llevábamos intercambiados varios ojos negros y algún diente flojo. El trato no era justo pero el rifle lo valía, esto puso fin a una prometedora carrera de "vengador".
Comenzó la época de cacería de palomas en el campo de los primos, allá en Gra!. Rojo (Bs. As.) donde el trato era: "Te pagamos los balines, pero solo palomas que son plaga" con el inmenso inconveniente de que, pegarle a las palomas era fantástico pero ir a buscarlas mal heridas o muertas ya no me parecía tan macanudo, aunque la tía las freía "saltadas" con ajo que eran un manjar.
Así siguieron una carabina .22 Lr. con mira telescópica, comprada a crédito con Pablo como garante, prometiendo toda clase de calamidades si no cumplía puntualmente con las cuotas. Para colmo como yo era menor, también tuvo que registrarla a su nombre, inconveniente que solucioné el mismo día que cumplí los ansiados 21 años. No recuerdo si debí mencionar que lo que tenía en las manos, era un arma de fuego para que firmara la transferencia. Luego vino una Bersa de armazón de aluminio que tenía una arandela que se rompía cada 3 ó 4 tiros. Con ella hice mi primera incursión por las instalaciones del club, llevando además de las balas, una bolsa de arandelas para ir cambiando a medida que se rompían, disparaba 3 ó 4 tiros y a desarmar para reemplazar la arandela, llevaba mas arandelas que balas.
..
Si esto que te cuento te identifica en algo, si estás pensando en que sería lindo competir en este deporte al nivel que sea, no lo dudes ni por un segundo. Los triunfos tal vez no se puedan alcanzar fácilmente pero el camino que te lleva a ellos está lleno de satisfacciones; el trabajo a realizar es mucho pero vale la pena, la emoción de una serie bien tirada, de un torneo ganado ó de representara nuestro club, ciudad, provincia o país en una competencia y sentirlos reconocidos; no se compara con ninguna otra sensación. El apoyo y aliento de tus compañeros y amigos y hasta el de personas, para vos desconocidas, que te llaman por tu nombre como si te conocieran de toda la vida; que se interesan por tus logros o por tus perdidas, que te alientan o te consuelan según la ocasión; te hacen sentir parte de la institución que representas y un poco propiedad de todos.
Si alguna vez pensaste que el tiro es un deporte individual y solitario, no estas teniendo en cuenta que detrás de cada concurso en que participas, hay un pequeño ejercito de personas que han aportado algo para hacerlo realidad, tu esposa o novia (en mi caso Andrea, quien debió sufrir a lo largo de cinco años miles de entrenamientos, privaciones, viajes en que no podíamos ir los dos por cuestiones económicas, competencias etc.), tu familia (mi hija Sabrina y mis padres), los amigos (todos), el que te dio un consejo, el que te ayudó a hacer un arreglo al arma, el que te presta esto o aquello, el que te reemplaza en el trabajo, el que te acompaña a entrenar o el que te desea la mejor de las suertes. Detrás de cada tirador, hay mucha gente que hace algo para que ese tirador exista.
Espero amigo lector no haberte aburrido con esta historia. Mi deseo es llegar con ella a aquellos que creen poder competir o les gustaría hacerlo y no se han animado todavía y decirle. ¡Vamos, vos podes!, si hasta yo pude.
Saludos desde Rosario, Argentina
Tomate©
q=)
Les dejo dos fragmentos de algo que escribí para el centenario de mi club, la parte que falta tiene algunos nombres própios y el relato se especifica a personas del club para Uds desconocidas, por eso lo corté.
Los tiradores debíamos relatar nuestros inicios y dar un mensaje a los socios que no participaban de las competencias, espero que les guste:
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Desde muy pequeño me destaqué en lo que fuera puntería y precisión, en los juegos de pelota y en las "armas" infantiles, me fabricaba todo tipo de arcos, flechas, boleadoras, mis días pasaban entre los partiditos de futbol en el potrero y la fabricación de armamento casero.
A mis jóvenes doce años, mi padre Pablo, cansado de tantos vidrios, portones, perros, gatos y algún que otro malandrín cascoteado por mi temible y efectiva honda (como la de David), decidió cambiármela por otra cosa:
- ¿Qué querés?
- ¡Un rifle de aire comprimido!. Exclamé, y él aceptó.
Pero las condiciones fueron muy duras. No debía volver a fabricar ni usar honda alguna y quedaba terminantemente prohibido disparar con el rifle contra los vidrios de aquel vecino que no nos devolvía la pelota, o al perro de doña Anita que nos "garroneaba" a diario por pisar su jardín, y nada de tirarle a las "patas" al Pipi, jefe de la barrita contraria con el que llevábamos intercambiados varios ojos negros y algún diente flojo. El trato no era justo pero el rifle lo valía, esto puso fin a una prometedora carrera de "vengador".
Comenzó la época de cacería de palomas en el campo de los primos, allá en Gra!. Rojo (Bs. As.) donde el trato era: "Te pagamos los balines, pero solo palomas que son plaga" con el inmenso inconveniente de que, pegarle a las palomas era fantástico pero ir a buscarlas mal heridas o muertas ya no me parecía tan macanudo, aunque la tía las freía "saltadas" con ajo que eran un manjar.
Así siguieron una carabina .22 Lr. con mira telescópica, comprada a crédito con Pablo como garante, prometiendo toda clase de calamidades si no cumplía puntualmente con las cuotas. Para colmo como yo era menor, también tuvo que registrarla a su nombre, inconveniente que solucioné el mismo día que cumplí los ansiados 21 años. No recuerdo si debí mencionar que lo que tenía en las manos, era un arma de fuego para que firmara la transferencia. Luego vino una Bersa de armazón de aluminio que tenía una arandela que se rompía cada 3 ó 4 tiros. Con ella hice mi primera incursión por las instalaciones del club, llevando además de las balas, una bolsa de arandelas para ir cambiando a medida que se rompían, disparaba 3 ó 4 tiros y a desarmar para reemplazar la arandela, llevaba mas arandelas que balas.
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Si esto que te cuento te identifica en algo, si estás pensando en que sería lindo competir en este deporte al nivel que sea, no lo dudes ni por un segundo. Los triunfos tal vez no se puedan alcanzar fácilmente pero el camino que te lleva a ellos está lleno de satisfacciones; el trabajo a realizar es mucho pero vale la pena, la emoción de una serie bien tirada, de un torneo ganado ó de representara nuestro club, ciudad, provincia o país en una competencia y sentirlos reconocidos; no se compara con ninguna otra sensación. El apoyo y aliento de tus compañeros y amigos y hasta el de personas, para vos desconocidas, que te llaman por tu nombre como si te conocieran de toda la vida; que se interesan por tus logros o por tus perdidas, que te alientan o te consuelan según la ocasión; te hacen sentir parte de la institución que representas y un poco propiedad de todos.
Si alguna vez pensaste que el tiro es un deporte individual y solitario, no estas teniendo en cuenta que detrás de cada concurso en que participas, hay un pequeño ejercito de personas que han aportado algo para hacerlo realidad, tu esposa o novia (en mi caso Andrea, quien debió sufrir a lo largo de cinco años miles de entrenamientos, privaciones, viajes en que no podíamos ir los dos por cuestiones económicas, competencias etc.), tu familia (mi hija Sabrina y mis padres), los amigos (todos), el que te dio un consejo, el que te ayudó a hacer un arreglo al arma, el que te presta esto o aquello, el que te reemplaza en el trabajo, el que te acompaña a entrenar o el que te desea la mejor de las suertes. Detrás de cada tirador, hay mucha gente que hace algo para que ese tirador exista.
Espero amigo lector no haberte aburrido con esta historia. Mi deseo es llegar con ella a aquellos que creen poder competir o les gustaría hacerlo y no se han animado todavía y decirle. ¡Vamos, vos podes!, si hasta yo pude.
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Saludos desde Rosario, Argentina
Tomate©
q=)
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