Mensaje por RafaGG » 26 Ago 2021 18:53
topp escribió:Tengo pendiente de hacerme con el libro, lo tuve hace años en las manos y no lo compre y luego me arrepenti, y el segundo que comentas lo tendre encuenta ya que son historias reales..

La verdad es que Patterson debía ser un hombre muy valiente, pero cuando llegó a Africa o bien tenía pocos medios o poca experiencia con las armas y la caza peligrosa. El primer disparo que consiguió hacer sobre uno de los devoradores fue con una escopeta cargada con postas, desde luego, no la munición más adecuada. Transcribo desde el libro:
"
Pensé que (...) el león volvería en la forma acostumbrada para acabar su alimento, construí por ello un fuerte andamiaje para hacer un puesto a pocos pies de distancia del lugar donde se encontraban las cabras muertas y me aposté allí antes del anocher. (…)Estaba dormitando confortablemente cuando de repente sentí que me tiraban del brazo y al mirar hacia arriba vi a Mahina que me indicaba en la dirección de las cabras, ¡Sher! (¡el león!) (…) Eché mano de mi escopeta que tenía cargada con postas y esperé pacientemente (…) le vi emerger en el espacio abierto y pasó casi debajo de nosotros. Disparé los dos cañones casi al mismo tiempo, le di en el codillo y con placer pude ver cómo caía bajo la fuerza de mi tiro. Rápidamente eché mano al rifle automático, pero antes de que pudiera utilizarlo ya se había puesto fuera de mi vista entre los matorrales”.No parece que el disparo hiciese mucho efecto en el león, que en las noches siguientes siguió acechando a los trabajadores del ferrocarril y no consiguió devorar a ninguno por pura suerte. Patterson tuvo su oportunidad para volver a dispararle unas noches después, usando un arma poco potente para este trabajo (un rifle de marca no mencionada, del calibre 303 British, calibre militar y por tanto, fácil de municionar)
“Durante una hora aproximadamente dormí pacíficamente con mi espalda contra el árbol, luego me desperté súbitamente con un misterioso sentimiento de que algo iba mal (…). Era el devorador que nos estaba acechando cautelosamente. (…) Esperé debidamente hasta que se acercó lo bastante (a una distancia de unas veinte yardas), y luego disparé a su pecho con mi 303. Oí como le entraba la bala, pero por desgracia no tuvo un efecto mortífero, ya que dio un gran rugido y dándose la vuelta se alejó corriendo”.Todavía tendría que esperar Patterson al día siguiente, y la poca potencia (relativa) de su arma estuvo a punto de costarle la vida:
“
vimos al devorador que miraba fijamente en nuestra dirección (…). Le apunté inmediatamente con cuidado y disparé. Al instante dio un salto e hizo una carga hacia nosotros (…). Le disparé inmediatamente y le derribé, pero en cuestión de un segundo se levantó otra vez (…). Hice un tercer disparo, pero sin resultado aparente, y eché mano de la Martini esperando así detenerle. Sin embargo (…) vi que estaba solo. El terror de una carga súbita había sido demasiado para Mahina, ya que tanto él como la carabina se encontraban en ese momento subiendo por un árbol. (…) Si no hubiera sido por el hecho de que con uno de mis disparos le había roto la pata trasera, la bestia me habría atrapado con total seguridad, e incluso como se encontraba, apenas tuve tiempo de ponerme fuera de su alcance (…)”
Todavía estuvo a punto una vez más de caer bajo las garras del león
“empezó a volver a la espesura (…) pero entonces disparé la carabina de Mahina y al primer disparo parece ser que lo maté, ya que se derrumbó y no se movía. Hice una gran tontería, pues me bajé del árbol y fui hacia él. Para sorpresa mía se levantó e intentó otra carga. Esta vez le metí una bala de la Martini en el pecho, otra en la cabeza y acabé con él para siempre. Se desplomó a cinco yardas de donde yo estaba y murió bravamente dando mordiscos salvajes a una rama que había caído al suelo (…). Al examinarlo encontré no menos de seis orificios de bala en el cuerpo, tenía metidas unas postas en el lomo y eran precisamente las que le había disparado hacía unos diez días”
[quote="topp"]Tengo pendiente de hacerme con el libro, lo tuve hace años en las manos y no lo compre y luego me arrepenti, y el segundo que comentas lo tendre encuenta ya que son historias reales.. :birra^:[/quote]
La verdad es que Patterson debía ser un hombre muy valiente, pero cuando llegó a Africa o bien tenía pocos medios o poca experiencia con las armas y la caza peligrosa. El primer disparo que consiguió hacer sobre uno de los devoradores fue con una escopeta cargada con postas, desde luego, no la munición más adecuada. Transcribo desde el libro:
"[i]Pensé que (...) el león volvería en la forma acostumbrada para acabar su alimento, construí por ello un fuerte andamiaje para hacer un puesto a pocos pies de distancia del lugar donde se encontraban las cabras muertas y me aposté allí antes del anocher. (…)Estaba dormitando confortablemente cuando de repente sentí que me tiraban del brazo y al mirar hacia arriba vi a Mahina que me indicaba en la dirección de las cabras, ¡Sher! (¡el león!) (…) Eché mano de mi escopeta que tenía cargada con postas y esperé pacientemente (…) le vi emerger en el espacio abierto y pasó casi debajo de nosotros. Disparé los dos cañones casi al mismo tiempo, le di en el codillo y con placer pude ver cómo caía bajo la fuerza de mi tiro. Rápidamente eché mano al rifle automático, pero antes de que pudiera utilizarlo ya se había puesto fuera de mi vista entre los matorrales”.[/i]
No parece que el disparo hiciese mucho efecto en el león, que en las noches siguientes siguió acechando a los trabajadores del ferrocarril y no consiguió devorar a ninguno por pura suerte. Patterson tuvo su oportunidad para volver a dispararle unas noches después, usando un arma poco potente para este trabajo (un rifle de marca no mencionada, del calibre 303 British, calibre militar y por tanto, fácil de municionar)
[i]“Durante una hora aproximadamente dormí pacíficamente con mi espalda contra el árbol, luego me desperté súbitamente con un misterioso sentimiento de que algo iba mal (…). Era el devorador que nos estaba acechando cautelosamente. (…) Esperé debidamente hasta que se acercó lo bastante (a una distancia de unas veinte yardas), y luego disparé a su pecho con mi 303. Oí como le entraba la bala, pero por desgracia no tuvo un efecto mortífero, ya que dio un gran rugido y dándose la vuelta se alejó corriendo”.[/i]
Todavía tendría que esperar Patterson al día siguiente, y la poca potencia (relativa) de su arma estuvo a punto de costarle la vida:
“[i]vimos al devorador que miraba fijamente en nuestra dirección (…). Le apunté inmediatamente con cuidado y disparé. Al instante dio un salto e hizo una carga hacia nosotros (…). Le disparé inmediatamente y le derribé, pero en cuestión de un segundo se levantó otra vez (…). Hice un tercer disparo, pero sin resultado aparente, y eché mano de la Martini esperando así detenerle. Sin embargo (…) vi que estaba solo. El terror de una carga súbita había sido demasiado para Mahina, ya que tanto él como la carabina se encontraban en ese momento subiendo por un árbol. (…) Si no hubiera sido por el hecho de que con uno de mis disparos le había roto la pata trasera, la bestia me habría atrapado con total seguridad, e incluso como se encontraba, apenas tuve tiempo de ponerme fuera de su alcance (…)”
[/i]
Todavía estuvo a punto una vez más de caer bajo las garras del león
[i]“empezó a volver a la espesura (…) pero entonces disparé la carabina de Mahina y al primer disparo parece ser que lo maté, ya que se derrumbó y no se movía. Hice una gran tontería, pues me bajé del árbol y fui hacia él. Para sorpresa mía se levantó e intentó otra carga. Esta vez le metí una bala de la Martini en el pecho, otra en la cabeza y acabé con él para siempre. Se desplomó a cinco yardas de donde yo estaba y murió bravamente dando mordiscos salvajes a una rama que había caído al suelo (…). Al examinarlo encontré no menos de seis orificios de bala en el cuerpo, tenía metidas unas postas en el lomo y eran precisamente las que le había disparado hacía unos diez días”[/i]