Mensaje por Wagon » 18 Mar 2010 09:29
Hola de nuevo, lo de acercarse o no, como bien dices a veces no hay opción, pero cuando la hay y has evolucionado esa parte, resulta más o menos sencillo (no digo que lo sea) hacerlo y cuando llega el momento y te pones a 100mts o menos, para mí resultaba imposible disparar, ya os digo que llegue a respetarlos en extremo, por eso me engañé durante un tiempo diciéndome que disparando a grandes distancias era más fácil fallar, pero sabía que era mentira, con entrenamiento es relativamente sencillo hacer impacto en un blanco de 30x20cm y además la distancia juega a nuestro favor, ya que es más difícil que el animal nos descubra o se moleste.
En vez de un lance os contaré un no lance. Caminaba con un buen amigo a principios de Abril, época en la que aun se dejan ver con facilidad,sorteando fincas de trigo, para aproximarnos al monte de roble que teníamos en frente, la mañana era buena, no había viento y la temperatura era razonable. Cuando llegamos al borde del monte, tuvimos que agacharnos para pasar por debajo de una rama gorda que nos cortaba el paso, imaginaos que hacer esto con telescopio y trípode uno y rifle y mochila el otro, por bien que lo hagas haces más ruido que un elefante en una cacharrería, aunque te parezca que no, falta añadir que como siempre nos acompañaba mi perro. Cuando estábamos terminando de sortear la rama, oímos un ladrido ronco, inequívoco de macho a no muchos metros, todos sabemos que entre la espesura es difícil calcular la distancia e incluso la dirección, pero este último factor para Duque (Schnauzer Gigante Negro)era algo sencillo de adivinar, conociendo al animal sabíamos que no apartaría la mirada ni un segundo de la dirección en que vino el ladrido, así que como Duque me había enseñado, o como yo había aprendido de el, me coloqué cautelosamente por detrás de su cabeza, para superponer mi linea visual con la suya, me coloqué los prismáticos y bingo, ahí estaba mirando en nuestra dirección un macho con un cuerpo inmenso y una cornamenta perfectamente simétrica, que a simple vista parecía un oro, señalé la posición a Pablo y mientras el medía la distancia, coloqué el telescopio al mínimo (30 aumentos), para ver aquellos cuernos, mientras el me decía 112mts, a mí no me entraban en el visor ni siquiera los cuernos al completo y efectivamente era un oro, que fácil habría sido, no montar el telescopio, no medir y haber colocado el rifle en cualquier rama y haber cobrado un oro con la sorpresa de ni saberlo siquiera, sin embargo seguimos mi ritual, valoramos exactamente el animal, nos miramos el uno al otro y sin decir nada continuamos mirando aquel magnifico animal, que sin ningún merito por nuestra parte, había decidido mostrarnos su grandeza de cerca, creyendo que su monte lo protegía de miradas indiscretas. Seguimos así 3 o 4 minutos, que fueron eternos y ante la incredulidad de Duque que tiene instinto por la caza y solo para la caza, dimos media vuelta mucho más sigilosamente que a la entrada y lo dejamos allí tranquilamente.
A día de hoy ese corzo no se ha dejado volver a ver y me siento orgulloso de lo que hicimos.
Un saludo.
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Hola de nuevo, lo de acercarse o no, como bien dices a veces no hay opción, pero cuando la hay y has evolucionado esa parte, resulta más o menos sencillo (no digo que lo sea) hacerlo y cuando llega el momento y te pones a 100mts o menos, para mí resultaba imposible disparar, ya os digo que llegue a respetarlos en extremo, por eso me engañé durante un tiempo diciéndome que disparando a grandes distancias era más fácil fallar, pero sabía que era mentira, con entrenamiento es relativamente sencillo hacer impacto en un blanco de 30x20cm y además la distancia juega a nuestro favor, ya que es más difícil que el animal nos descubra o se moleste.
En vez de un lance os contaré un no lance. Caminaba con un buen amigo a principios de Abril, época en la que aun se dejan ver con facilidad,sorteando fincas de trigo, para aproximarnos al monte de roble que teníamos en frente, la mañana era buena, no había viento y la temperatura era razonable. Cuando llegamos al borde del monte, tuvimos que agacharnos para pasar por debajo de una rama gorda que nos cortaba el paso, imaginaos que hacer esto con telescopio y trípode uno y rifle y mochila el otro, por bien que lo hagas haces más ruido que un elefante en una cacharrería, aunque te parezca que no, falta añadir que como siempre nos acompañaba mi perro. Cuando estábamos terminando de sortear la rama, oímos un ladrido ronco, inequívoco de macho a no muchos metros, todos sabemos que entre la espesura es difícil calcular la distancia e incluso la dirección, pero este último factor para Duque (Schnauzer Gigante Negro)era algo sencillo de adivinar, conociendo al animal sabíamos que no apartaría la mirada ni un segundo de la dirección en que vino el ladrido, así que como Duque me había enseñado, o como yo había aprendido de el, me coloqué cautelosamente por detrás de su cabeza, para superponer mi linea visual con la suya, me coloqué los prismáticos y bingo, ahí estaba mirando en nuestra dirección un macho con un cuerpo inmenso y una cornamenta perfectamente simétrica, que a simple vista parecía un oro, señalé la posición a Pablo y mientras el medía la distancia, coloqué el telescopio al mínimo (30 aumentos), para ver aquellos cuernos, mientras el me decía 112mts, a mí no me entraban en el visor ni siquiera los cuernos al completo y efectivamente era un oro, que fácil habría sido, no montar el telescopio, no medir y haber colocado el rifle en cualquier rama y haber cobrado un oro con la sorpresa de ni saberlo siquiera, sin embargo seguimos mi ritual, valoramos exactamente el animal, nos miramos el uno al otro y sin decir nada continuamos mirando aquel magnifico animal, que sin ningún merito por nuestra parte, había decidido mostrarnos su grandeza de cerca, creyendo que su monte lo protegía de miradas indiscretas. Seguimos así 3 o 4 minutos, que fueron eternos y ante la incredulidad de Duque que tiene instinto por la caza y solo para la caza, dimos media vuelta mucho más sigilosamente que a la entrada y lo dejamos allí tranquilamente.
A día de hoy ese corzo no se ha dejado volver a ver y me siento orgulloso de lo que hicimos.
Un saludo.