Mensaje por meatonthetable » 01 Dic 2009 00:44
Cerca del amanecer, otros quince Shot se unieron a Zvi. Decidido a llevarlos a la línea púrpura, cayeron en una emboscada bien planeada de los sirios. El resultado: tres carros seriamente dañados, incluido el del teniente, el cual además, sufrió dolorosas heridas y quemaduras en el lado derecho del cuerpo. Tras indicarles otra ruta a los refuerzos, se volvió a Nafekh a por otro Shot. Tras recogerlo y abastecerlo siguió combatiendo en la línea TAP.
Pese a su esfuerzo, las penetraciones sirias eran cada vez más intensas, lo que le obligó a retirarse hasta la base de Nafekh. Fueron horas desesperadas… detrás de la citada base, la única defensa eran un puñado de carros y algo de infantería situados en la casa de aduanas, al lado del puente Bnot Ya’akov (hijas de Jacob), y detrás…todo Israel. Y para rematar las cosas, la base seguía llena de heridos que había que evacuar. Zvi, junto con otros tanques e infantes organizó una apresurada línea defensiva, intentando retrasar, al máximo posible el ataque sirio, que ahora incluía múltiples T-62s. En ese preciso instante, el reservista que conducía el tanque de Zvi, perdió los nervios (luego arrepentido, se volvería a subir a otro carro), y gritando que “estaba demasiado viejo para tanta mierda”, abrió la escotilla y abandonó su puesto a la carrera.
Greengold, fue mucho más allá de lo que el deber le exigía. Se quedó solo en la base, rechazando el ataque. Un capitán, enviado de reconocimiento en un todo terreno fue testigo de un hecho sin precedentes, y su informe, al CG ya es legendario: “Nafekh está perdida, sólo combate un Shot Cal, tripulado por locos, que no paran de ir de un lado a otro, buscando cobertura, y destruyendo carros sirios sin parar… los muy infelices no durarán mucho…” Sin embargo, Nafekh, no cayó. Un oportuno contraataque hebreo llegó, como en los viejos westerns, justo a tiempo.
Tras cambiar de Shot, a otro no dañado, se dirigió a defender la más avanzada base de Aquillah. En camino hacia el lugar, encontró un cruce lleno de carros israelíes y sirios carbonizados, y entre ellos a tres Centuriones israelíes, abandonados intactos, con el motor todavía en marcha (nota de Meat: Muchas tripulaciones aterradas abandonaron sus carros, al ver caer al interior de los mismos a sus jefes o cargadores decapitados o partidos por la mitad en el exterior, al estar asomados a las escotillas. Y de hecho, muchas tripulaciones se negaban a volver a montar al interior de los mismos, hasta que los restos fuesen retirados y la sangre limpiada por los mecánicos con Gasoil. Todos los que hemos visto cadáveres semejantes, y olido el hedor de la sangre humana en descomposición lo entendemos plenamente). Perdiendo la calma por primera vez en la batalla, Zvi, mandó parar su tanque, y bajándose, desesperado se puso a patear esos Centuriones…
Al llegar a la base de Aquillah, se dio cuenta que era una falsa alarma, y mientras discutía en su torreta sobre las medidas defensivas de la base con un oficial de la base mayor, extenuado y herido, dijo unas palabras, sollozando, por las que todavía es recordado: “señor, perdóneme, pero le juro que no puedo aguantar más”. A continuación, salió de la torreta, y se cayó exhausto, al lado de su carro de combate. Llevaba más de 30 horas continuadas de batalla…
Fue atendido inmediatamente por el propio oficial y por los sanitarios cercanos. Se le curaron las heridas, y se le ordenó descanso absoluto. Un par de días más tarde se incorporaría a la batalla. Pero se perdió las últimas 20 horas desesperadas de combate, entre ellas el combate de blindados en el “valle de las lágrimas”. Nunca se lo perdonó…y en la investigación posterior, con encomiable sinceridad expuso:”no estaba tan cansado como parecía, pero tras el abandono del conductor, y ver aquellos Centuriones abandonados, en perfecto estado, una idea se adueñó de mi mente: ya está, tanto sacrificio para nada, nos han vencido, todo está perdido…” debió ser un pensamiento muy duro en alguien, que era hijo de resistentes del guetto de Varsovia.
Cerca del amanecer, otros quince Shot se unieron a Zvi. Decidido a llevarlos a la línea púrpura, cayeron en una emboscada bien planeada de los sirios. El resultado: tres carros seriamente dañados, incluido el del teniente, el cual además, sufrió dolorosas heridas y quemaduras en el lado derecho del cuerpo. Tras indicarles otra ruta a los refuerzos, se volvió a Nafekh a por otro Shot. Tras recogerlo y abastecerlo siguió combatiendo en la línea TAP.
Pese a su esfuerzo, las penetraciones sirias eran cada vez más intensas, lo que le obligó a retirarse hasta la base de Nafekh. Fueron horas desesperadas… detrás de la citada base, la única defensa eran un puñado de carros y algo de infantería situados en la casa de aduanas, al lado del puente Bnot Ya’akov (hijas de Jacob), y detrás…todo Israel. Y para rematar las cosas, la base seguía llena de heridos que había que evacuar. Zvi, junto con otros tanques e infantes organizó una apresurada línea defensiva, intentando retrasar, al máximo posible el ataque sirio, que ahora incluía múltiples T-62s. En ese preciso instante, el reservista que conducía el tanque de Zvi, perdió los nervios (luego arrepentido, se volvería a subir a otro carro), y gritando que “estaba demasiado viejo para tanta mierda”, abrió la escotilla y abandonó su puesto a la carrera.
Greengold, fue mucho más allá de lo que el deber le exigía. Se quedó solo en la base, rechazando el ataque. Un capitán, enviado de reconocimiento en un todo terreno fue testigo de un hecho sin precedentes, y su informe, al CG ya es legendario: “Nafekh está perdida, sólo combate un Shot Cal, tripulado por locos, que no paran de ir de un lado a otro, buscando cobertura, y destruyendo carros sirios sin parar… los muy infelices no durarán mucho…” Sin embargo, Nafekh, no cayó. Un oportuno contraataque hebreo llegó, como en los viejos westerns, justo a tiempo.
Tras cambiar de Shot, a otro no dañado, se dirigió a defender la más avanzada base de Aquillah. En camino hacia el lugar, encontró un cruce lleno de carros israelíes y sirios carbonizados, y entre ellos a tres Centuriones israelíes, abandonados intactos, con el motor todavía en marcha (nota de Meat: Muchas tripulaciones aterradas abandonaron sus carros, al ver caer al interior de los mismos a sus jefes o cargadores decapitados o partidos por la mitad en el exterior, al estar asomados a las escotillas. Y de hecho, muchas tripulaciones se negaban a volver a montar al interior de los mismos, hasta que los restos fuesen retirados y la sangre limpiada por los mecánicos con Gasoil. Todos los que hemos visto cadáveres semejantes, y olido el hedor de la sangre humana en descomposición lo entendemos plenamente). Perdiendo la calma por primera vez en la batalla, Zvi, mandó parar su tanque, y bajándose, desesperado se puso a patear esos Centuriones…
Al llegar a la base de Aquillah, se dio cuenta que era una falsa alarma, y mientras discutía en su torreta sobre las medidas defensivas de la base con un oficial de la base mayor, extenuado y herido, dijo unas palabras, sollozando, por las que todavía es recordado: “señor, perdóneme, pero le juro que no puedo aguantar más”. A continuación, salió de la torreta, y se cayó exhausto, al lado de su carro de combate. Llevaba más de 30 horas continuadas de batalla…
Fue atendido inmediatamente por el propio oficial y por los sanitarios cercanos. Se le curaron las heridas, y se le ordenó descanso absoluto. Un par de días más tarde se incorporaría a la batalla. Pero se perdió las últimas 20 horas desesperadas de combate, entre ellas el combate de blindados en el “valle de las lágrimas”. Nunca se lo perdonó…y en la investigación posterior, con encomiable sinceridad expuso:”no estaba tan cansado como parecía, pero tras el abandono del conductor, y ver aquellos Centuriones abandonados, en perfecto estado, una idea se adueñó de mi mente: ya está, tanto sacrificio para nada, nos han vencido, todo está perdido…” debió ser un pensamiento muy duro en alguien, que era hijo de resistentes del guetto de Varsovia.