Mensaje por meatonthetable » 21 Jul 2008 20:24
Entonces ¿qué atacaron? Hoy en día, todo historiador serio habla que o bien alcanzaron al pecio del Atlantic Conveyor, el cual había sido remolcado fuera de la formación y convertido en un señuelo para evitar más ataques como el del día 25 de mayo, que ya había causado un serio disgusto, y podía haber sido peor; o que no alcanzaron nada. Hay que recordar además que los dos derribos de los A-4C tuvieron lugar durante la fase de ataque.
En la guerra aeronaval, a poco que se tenga afición, una constante es el reclamo excesivo de blancos alcanzados, ya bien en su importancia o en el alcance de los daños. Por ejemplo, los japoneses que regresaron a la flota de Ozawa durante la batalla de las Marianas reclamaron haber hundido varios portaaviones americanos, cuando sólo habían dañado de forma ligera a dos; e incluso los propios norteamericanos durante la Batalla de Sibuyan en octubre de 1944 reclamaron haber acabado con la flota de Takeo Kurita, reclamaciones que llevaron a Halsey a perseguir al cebo de los portaaviones de Ozawa en cabo Engaño, y que estuvieron a punto de costar toda una flota de invasión en la subsiguiente batalla del mar de Samar.
Este error es comprensible en cualquier piloto, y más aún si cabe en los argentinos: volaban reactores a gran velocidad y baja cota, acosados por la mejor defensa antiaérea naval después de la americana y la soviética, con dos camaradas alcanzados por misiles, las alarmas de "enganchado" pitando sin parar, y viendo la explosión de otros dos misiles por lo menos cerca de ellos. Y eso, intentando no estrellarse contra el mar o ser alcanzado por la explosión o el rebote de una de las bombas propias, y además, con 3000 kilómetros de vuelta a la base en mal tiempo.
Honrar el valor y el sacrificio de los soldados exige contar los hechos de forma desnuda y descarnada, y dentro de lo que permite la niebla de la guerra, de la forma que se acerque lo máximo posible a la verdad. No se les honra, creyendo en leyendas o en hechos que no sucedieron, sino que se les mancilla y se les traiciona, por muy balsámico que sea la leyenda en cuestión. Personas que viven con honor y mueren con honor demandan que se cuente su historia de verdad, y en modo alguno disminuye su gesta, la acrecienta incluso, pues esos hombres murieron con valor por su patria, y sin pedir nada más a cambio.
25 años han pasado ya, y de ser cierta dicha leyenda de los daños, numerosos testimonios, fotografías, metraje de TV (había varios equipos a bordo, y varios periodistas empotrados) hubiesen aparecido ya, amén de comprobarse pensiones por los daños personales sufridos, pues basta con volver a ver las fotos del HMS Sheffield o del HMS Glamorgan para comprobar que un Exocet, aunque no estallase causaba un incendio y unos daños escalofriantes en la obra muerta de un buque (no en sus hélices); daños imposibles de cubrir con una manita de pintura y unas "chapas".
Entonces ¿qué atacaron? Hoy en día, todo historiador serio habla que o bien alcanzaron al pecio del Atlantic Conveyor, el cual había sido remolcado fuera de la formación y convertido en un señuelo para evitar más ataques como el del día 25 de mayo, que ya había causado un serio disgusto, y podía haber sido peor; o que no alcanzaron nada. Hay que recordar además que los dos derribos de los A-4C tuvieron lugar durante la fase de ataque.
En la guerra aeronaval, a poco que se tenga afición, una constante es el reclamo excesivo de blancos alcanzados, ya bien en su importancia o en el alcance de los daños. Por ejemplo, los japoneses que regresaron a la flota de Ozawa durante la batalla de las Marianas reclamaron haber hundido varios portaaviones americanos, cuando sólo habían dañado de forma ligera a dos; e incluso los propios norteamericanos durante la Batalla de Sibuyan en octubre de 1944 reclamaron haber acabado con la flota de Takeo Kurita, reclamaciones que llevaron a Halsey a perseguir al cebo de los portaaviones de Ozawa en cabo Engaño, y que estuvieron a punto de costar toda una flota de invasión en la subsiguiente batalla del mar de Samar.
Este error es comprensible en cualquier piloto, y más aún si cabe en los argentinos: volaban reactores a gran velocidad y baja cota, acosados por la mejor defensa antiaérea naval después de la americana y la soviética, con dos camaradas alcanzados por misiles, las alarmas de "enganchado" pitando sin parar, y viendo la explosión de otros dos misiles por lo menos cerca de ellos. Y eso, intentando no estrellarse contra el mar o ser alcanzado por la explosión o el rebote de una de las bombas propias, y además, con 3000 kilómetros de vuelta a la base en mal tiempo.
Honrar el valor y el sacrificio de los soldados exige contar los hechos de forma desnuda y descarnada, y dentro de lo que permite la niebla de la guerra, de la forma que se acerque lo máximo posible a la verdad. No se les honra, creyendo en leyendas o en hechos que no sucedieron, sino que se les mancilla y se les traiciona, por muy balsámico que sea la leyenda en cuestión. Personas que viven con honor y mueren con honor demandan que se cuente su historia de verdad, y en modo alguno disminuye su gesta, la acrecienta incluso, pues esos hombres murieron con valor por su patria, y sin pedir nada más a cambio.
25 años han pasado ya, y de ser cierta dicha leyenda de los daños, numerosos testimonios, fotografías, metraje de TV (había varios equipos a bordo, y varios periodistas empotrados) hubiesen aparecido ya, amén de comprobarse pensiones por los daños personales sufridos, pues basta con volver a ver las fotos del HMS Sheffield o del HMS Glamorgan para comprobar que un Exocet, aunque no estallase causaba un incendio y unos daños escalofriantes en la obra muerta de un buque (no en sus hélices); daños imposibles de cubrir con una manita de pintura y unas "chapas".