Mensaje por Eugenia » 29 Nov 2011 11:05
No es tanto dónde acabe el proyectil, sino el daño que cause el proyectil. Si suponemos que el tiro está bien colocado, porque si no lo está, el bicho se irá, la situación óptima es que el proyectil se expanda al máximo y haga una herida en canal con la mayor cavidad, tanto la momentánea como la definitiva, posible. El objetivo es siempre la muerte rápida y con el menor sufrimiento de la pieza. Si el proyectil destruye un elemento importante del sistema nervioso central, por ejemplo el cerebro, el cerebelo o la parte superior de la médula, la muerte será instantánea, pero esos son los tiros más difíciles, por lo que el cazador no suele arriesgar y en su lugar, tira "al codillo", en la esperanza que el proyectil, en su trayectoria, afecte al corazón y/o a los pulmones, de manera que la hemorragia sea tan masiva que la muerte sea también rápida. Llegados a ese punto, es indiferente que el proyectil salga o quede alojado en el cuerpo de la pieza, pues el objetivo ya está cumplido.
No es tanto dónde acabe el proyectil, sino el daño que cause el proyectil. Si suponemos que el tiro está bien colocado, porque si no lo está, el bicho se irá, la situación óptima es que el proyectil se expanda al máximo y haga una herida en canal con la mayor cavidad, tanto la momentánea como la definitiva, posible. El objetivo es siempre la muerte rápida y con el menor sufrimiento de la pieza. Si el proyectil destruye un elemento importante del sistema nervioso central, por ejemplo el cerebro, el cerebelo o la parte superior de la médula, la muerte será instantánea, pero esos son los tiros más difíciles, por lo que el cazador no suele arriesgar y en su lugar, tira "al codillo", en la esperanza que el proyectil, en su trayectoria, afecte al corazón y/o a los pulmones, de manera que la hemorragia sea tan masiva que la muerte sea también rápida. Llegados a ese punto, es indiferente que el proyectil salga o quede alojado en el cuerpo de la pieza, pues el objetivo ya está cumplido.